La tecnología está lista. El liderazgo no
Recientemente, Gallup presentó su estudio State of the Global Workplace 2026, un análisis sobre la experiencia de las personas en el trabajo. El reporte mide el nivel de compromiso de colaboradores y líderes, y evalúa el bienestar a partir de variables como estrés, prosperidad, enojo, tristeza y soledad. Además, incorpora una variable para entender el futuro del trabajo: la percepción de si es un buen momento para encontrar empleo.
A nivel global, solo el 20% de las personas está comprometida con su trabajo.
Cuando se observa por género, 21% corresponde a mujeres y 19% a hombres. En el caso de los managers, el nivel de compromiso es de 22%.
Si llevamos esta lectura a América Latina. La región alcanza un 30% de engagement.
Al analizar las variables de bienestar, a nivel global, el 34% de las personas considera que está prosperando en su vida. Cuando se observa por género, el 37% corresponde a mujeres y el 33% a hombres. En América Latina, el dato es mayor, el 56% de las personas se percibe como prosperando.
El estrés a nivel global, el 40% reportan experimentarlo y en América Latina el 43%. En ambos casos, las mujeres reportan niveles más altos de estrés que los hombres.
Otros indicadores complementan la lectura . En promedio, el 22% de las personas experimenta enojo, el 23% tristeza y el 22% soledad. En América Latina, el dato es del 14%, 22% y 12 % respectivamente.
El reporte considera otra dimensión: el optimismo laboral.
Cerca del 50% de las personas considera que es un buen momento para encontrar empleo. En América Latina, este porcentaje se eleva al 60%. Es decir, las personas no solo tienen una percepción relativamente positiva de su vida, también creen que existen oportunidades.
A partir de estos datos se pueden plantear algunas conclusiones.
Las personas creen en su futuro, perciben oportunidades y mantienen una base de bienestar aún no consolidada. Pero el trabajo no está logrando canalizar esa energía.
No estamos frente a un desafío
de motivación.
Estamos frente a una brecha de liderazgo.
Porque cuando una persona no está comprometida, experimenta estrés en su día a día y al mismo tiempo percibe que puede encontrar otra opción, la relación con su organización se vuelve frágil
La relación entre el líder y su equipo es el punto de quiebre. Ahí es donde se activa o se pierde el compromiso. Ahí es donde el trabajo puede convertirse en un espacio de desarrollo o en una experiencia sin propósito.
Por eso, la conversación no se centra únicamente en qué herramientas incorporar o qué procesos optimizar. También enfocarse en desarrollar y consolidar al estratega.
El estratega no es quien solo define rumbo. Es quien se acerca a las personas, entiende su contexto, genera confianza y las acompaña en su desarrollo. Es quien logra que el trabajo tenga sentido y dirección.
Cuando eso ocurre, el engagement y el bienestar van más allá de ser indicadores se convierten en una consecuencia natural.
La tecnología está lista.
Las personas también.
El reto es desarrollar y consolidar al estratega capaz de conectar ambas.
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