En los últimos años, varias escuelas han tomado una decisión: prohibir los celulares durante toda la jornada escolar. No se trata de un capricho, sino de un hallazgo respaldado por los datos: la presencia del teléfono en el aula está asociada con menos concentración, menos convivencia y menos aprendizaje. Lo que antes era una sospecha, hoy se confirma como una realidad. Una investigación encabezada por Angela Duckworth, profesora de la Universidad de Pennsylvania, analizó más de 20 mil respuestas de docentes y encontró una tendencia: cuanto más estricta es la política de uso del celular, más satisfechos están los maestros y menos distraídos están los estudiantes. En las escuelas donde los teléfonos desaparecen del aula, la atención se recupera y el ambiente de aprendizaje mejora significativamente. Los estudiantes vuelven a conversar, a reír y a interactuar entre ellos. Sin embargo, prohibir los celulares es apenas el comienzo. El desafío es más complejo: las pantallas siguen presente...