Lo que Harvard reflexionó sobre formar estrategas
Eugenio Yarce
Durante mucho tiempo, hablar de Harvard Business School era hablar del método del caso. Estudiantes analizando, defendiendo posturas, elaborando preguntas y formando criterio. No era memorizar teoría. Era aprender a pensar y decidir.
Eso sigue teniendo valor.
Pero el entorno cambió. Y Harvard llegó a una conclusión: hoy los problemas que enfrentan las organizaciones son más complejos, más inciertos y más humanos. Ya no era suficiente recopilar información, ordenar variables y elegir una opción. Ahora hay que trabajar con otros, escuchar, adaptarse, generar confianza y actuar en medio de ambigüedad.
Decidieron evolucionar.
No abandonaron el caso. Lo ampliaron. Con el Field Method, el aprendizaje sale del salón y entra en contacto con la realidad. El estudiante no solo analiza lo que otro hizo. Habla con personas en el sitio, vive y siente la necesidad, propone y prueba ideas, corrige errores y construye soluciones.
Hay una diferencia entre exponer una respuesta a un caso y lograr que algo funcione.
También vislumbraron que el liderazgo no puede medirse solo por la capacidad de análisis y la habilidad para competir. El liderazgo también pasa por la inclusión, la escucha, la confianza, la empatía y la pertenencia.
Todavía hay quienes creen que la estrategia es hacer diagnósticos y presentaciones. Otros siguen atrapados en la idea del líder superhéroe que todo lo resuelve.
La realidad es distinta.
Los desafíos exigen colaboración, carácter, aprendizaje a lo largo y ancho de la vida y capacidad para desplegar el talento propio y el de los otros.
Ser estratega es entender mejor.
Quizá esa es una de las mejores lecciones de esta evolución de Harvard: formar estrategas no es formar expertos en respuestas. Es formar personas capaces de hacerse mejores preguntas, decidir con criterio y actuar teniendo como destino la creación de valor.
Y ese valor, cuando vale la pena, es humano, es público.
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