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En la encrucijada de los números

 En la encrucijada de los números

Cómo el contexto convierte los datos en brújula
Eugenio Yarce


Alicia corre y llega a una encrucijada. Se encuentra con un gato y le pregunta qué camino tomar. El gato le responde: “¿Hacia dónde vas?”. Alicia contesta: “No lo sé”. El gato concluye: “Si no sabes a dónde vas, cualquier camino es bueno”.


Hoy, a diferencia de Alicia, llegamos a nuestras encrucijadas con una enorme cantidad de información. Vivimos rodeados de datos, estadísticas, indicadores y gráficos. En teoría, deberíamos comprender mejor el mundo y tener mayor claridad sobre qué ruta seguir. Pero no es así. Seguimos sin saber hacia dónde vamos. Y, para colmo, el gato ya no está disponible para preguntarle.


Hace unos días leí Los números no mienten, de Vaclav Smil, profesor emérito de la Universidad de Manitoba y miembro de la Academia de Ciencias de Canadá. Smil ha dedicado su vida a estudiar energía, medio ambiente y producción de alimentos. En este libro presenta 71 lecciones breves organizadas en siete bloques: personas, países, máquinas, energía, transporte, alimentos y medio ambiente.


Su mensaje central es simple y claro: los números no mienten, pero pueden confundir cuando se presentan sin contexto.


Vivimos en la era de la inmediatez. Consumimos información breve, fragmentada y descontextualizada. Las cifras circulan rápido en redes sociales, pero rara vez se explican sus supuestos, limitaciones o implicaciones. El resultado es una comprensión superficial de problemas complejos. Las transiciones energéticas, demográficas o alimentarias no ocurren al ritmo de un TikTok.


Cuando se observan las magnitudes actuales, el contexto se vuelve indispensable. En 2024, la población mundial superó los 8,200 millones de personas. La economía global alcanzó  105 billones de dólares (105 × 10¹² USD) en términos nominales. Y el consumo total de energía primaria llegó a alrededor de 592 exajulios (10¹⁸ julios), el nivel más alto registrado hasta ahora. 


Son cifras enormes. Cualquier transformación energética, económica o ambiental debe comprenderse en esa escala.


En el bloque de energía, Smil analiza el entusiasmo por las energías renovables y los autos eléctricos. A primera vista, parecen soluciones evidentes para reducir emisiones. Sin embargo, cuando se observan los números en contexto —la escala de consumo energético de megaciudades como la Ciudad de México o Tokio, la dependencia actual de combustibles fósiles para fabricar baterías y paneles solares, la magnitud de la infraestructura necesaria— aparecen enormes desafíos técnicos y ambientales. La realidad es más lenta, más pesada y más estructural.


Lo mismo sucede con los alimentos. Norman Borlaug, desde el CIMMYT —Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo, con sede en México y pieza clave de la Revolución Verde— desarrolló variedades semienanas de trigo que multiplicaron los rendimientos y ayudaron a evitar hambrunas masivas. Fue una innovación monumental. Pero hoy el rendimiento del trigo muestra señales de estancamiento en algunas regiones, mientras que el desperdicio global de alimentos alcanza al menos una tercera parte de lo producido. Según la FAO, las pérdidas pueden llegar al 40 o 50 por ciento en frutas y verduras. Producimos más que nunca, pero también desperdiciamos más que nunca.


En el ámbito demográfico, la disminución sostenida de la fecundidad en múltiples regiones ha comenzado a modificar la estructura por edades de la población mundial. Este es otro ejemplo de cómo un número, la tasa de reemplazo cambia la lectura del futuro. Las implicaciones económicas y sociales de este cambio serán profundas en las próximas décadas.


Sobre la calidad de vida, Smil cuestiona indicadores como el PIB o incluso el Índice de Desarrollo Humano. Propone observar la mortalidad infantil. Reducirla exige sistemas de salud, buena nutrición, infraestructura y cohesión social. Una sola variable captura múltiples condiciones estructurales. Es un ejemplo de cómo un número, bien elegido y situado en su contexto, puede decir más que un conjunto de indicadores sofisticados.


También cuestiona nuestra obsesión con la innovación. En el mundo digital, acostumbrados a la Ley de Moore, creemos que todo debe avanzar exponencialmente. Pero fuera del ámbito de los microchips y la IA, la innovación progresa mucho más lentamente. La energía, la agricultura, el transporte marítimo o la producción de acero no evolucionan al mismo ritmo.


La lección no es pesimista. Es realista.


Los números no mienten. Lo que puede fallar es nuestra interpretación, nuestra impaciencia o nuestra fascinación por soluciones inmediatas. 


Sin contexto, un dato puede alimentar ilusiones, promesas o modas. Con contexto, en cambio, se convierte en un gran GPS; nos aclara el problema, nos muestra límites y restricciones  y nos invita a colocar la mirada en el horizonte.


La competitividad de una región se construye entendiendo  y comprendiendo ritmos límites y capacidades, no con entusiasmo discursivo y repetición de la palabra innovación.


Cuando entendemos los números en su contexto, dejamos de improvisar y empezamos a decidir.

Y entonces, al llegar a la encrucijada, ya no necesitaremos al gato.


Referencias


Fondo Monetario Internacional (FMI). (2024). World Economic Outlook Database.

International Energy Agency (IEA). (2024). Global Energy Review 2024.

Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales. (2024). World Population Prospects 2024.

Smil, V. (2021). Los números no mienten: 71 historias para entender el mundo (edición Kindle). Debate.


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