El deber de ser feliz: una lectura de Borges
En uno de sus poemas Jorge Luis Borges escribió:
“He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz.”
Se cuestiona el no haber vivido con plenitud. De no responder con alegría al don de la vida. En “El remordimiento” nos enfrenta con una verdad incómoda: la felicidad, más que un derecho, puede ser también un deber.
Borges no habla de una felicidad idealizada, sino de una forma de estar en el mundo: abierta, valiente, consciente. Escribe que lo criaron para “el juego arriesgado y hermoso de la vida”, pero él se refugió en “las simétricas porfías del arte” —una forma elegante de decir que vivió más en las ideas que en la experiencia. Reconoce que tuvo los elementos y las condiciones, y sin embargo no supo vivirlas con plenitud.
Este poema es una reflexión, nos recuerda que la vida es finita, y que perderla en el miedo, la rutina o el aplazamiento constante de la alegría y plenitud también es una forma de traición; a nosotros mismos, a quienes nos dieron la vida y al mundo que nos tocó habitar.
Tal vez lo que Borges lamenta es haber sido un procrastinador del asombro, haber sido prudente cuando se requería riesgo, haber buscado sentido sin abrirse a disfrutar.
Leer este poema es una invitación a vivir más desde la gratitud que desde la rutina. A entender que la felicidad no siempre llega como destino, pero puede asumirse como actitud. Y que quizá lo que mas remordimiento nos puede causar es no haberlo intentado.
Borges, J. L. (2018). El hacedor (1a. ed.). Debolsillo.
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