Las clases de innovación en Stanford suelen iniciar con una pregunta provocadora:
¿Qué tienen en común las siguientes cuatro innovaciones?:
Las líneas que transportaban reses en canal en los rastros de Chicago (finales del siglo XIX).
La laca negra de secado rápido estilo japonés.
El reparto de utilidades creado por William Procter en 1887.
La red de distribuidores de máquinas de coser Singer.
La respuesta: Henry Ford, combinó todos estos elementos para revolucionar la producción de automóviles y transformar su empresa. Como él mismo afirmó: “No inventé nada nuevo. Simplemente ensamblé descubrimientos ajenos.”
La innovación no siempre parte de cero
Muchas personas y empresarios tienen la noción de que la innovación es compleja, yo creo que sí lo es, implica un cambio y el primer paso es separarla de la invención, que implica crear algo completamente nuevo. La mayoría de las innovaciones surgen al combinar creativamente ideas ya existentes.
La innovación se da cuando las personas son libres para pensar, experimentar, especular, colaborar, comercializar, cuando hay prosperidad. No ocurre en la desesperación, en la carencia de esperanza.
Stefanos Zenios y Ken Favaro (1) proponen una metodología, el pensamiento por precedentes que se basa en tres pasos:
Enmarcar el problema: definir con precisión el reto o desafío que se busca resolver.
Buscar precedentes: identificar ideas previas relevantes, incluso fuera del sector.
Combinar creativamente esos elementos para generar soluciones innovadoras.
Este enfoque permite generar nuevas ideas con base en lo que ya funciona, reduciendo riesgos y aumentando la probabilidad de éxito.
Algunos casos
Henry Ford: Combinó procesos industriales, incentivos laborales, estrategias de ventas y técnicas de pintura para construir su empresa.
Netflix: Reed Hastings integró el modelo de membresía de gimnasios, el comercio electrónico de Amazon, el DVD y el almacenamiento centralizado para transformar la industria del entretenimiento.
Berkshire Hathaway: una sociedad tenedora. Warren Buffett, en 1967, la redirigió al combinar tres conceptos clave de inversión, en especial el uso del capital flotante.
Un ejemplo desde el emprendimiento: DoorDash
Cuatro estudiantes de Stanford querían ayudar a pequeños negocios a aumentar sus ingresos. Aplicaron los tres pasos del pensamiento por precedentes:
Enmarcar: Tras entrevistar a pequeños empresarios, definieron el reto: ¿Cómo ofrecer entregas confiables y económicas a restaurantes independientes?
Buscar: Trabajaron como repartidores en Domino’s y FedEx, y estudiaron el modelo de Uber.
Combinar: Tomaron el sistema de pedidos de Domino’s, la flexibilidad de Uber y la optimización logística de FedEx. Así nació DoorDash, hoy valorada en más de 70 mil millones de dólares.
Un ejemplo corporativo: Global Foods
La empresa enfrentaba una crisis de reputación por su relación con la obesidad. Aplicando pensamiento por precedentes, identificaron 16 casos —desde Medellín y el Papa Francisco, hasta Nike y Nintendo— que los guiaron hacia una transformación profunda:
Reformularon productos.
Ajustaron precios y porciones.
Enfocaron su I+D en beneficios funcionales.
Adoptaron un enfoque colaborativo con sus críticos.
¿El resultado? Recuperaron legitimidad y competitividad, transformando incluso a todo el sector.
Cómo poner en marcha el pensamiento por precedentes
Enmarcar el problema de forma novedosa: Reformular la pregunta puede desbloquear soluciones más creativas. Por ejemplo, Henry Ford no se preguntó “¿Cómo vendo más autos?”, sino “¿Cómo hago que todos puedan comprarlos?”
Buscar lejos y cerca: Las mejores ideas pueden venir de otros sectores. La diversidad en los equipos y el uso de modelos como ChatGPT pueden ampliar la perspectiva y acelerar la búsqueda.
Fomentar la intersección: Primero de forma individual (como lo hicieron Newton o Hastings), luego en grupo, asegurando que todos conozcan bien los precedentes y estén alineados con el reto.
Ponerlo en práctica: No se trata sólo de generar ideas, sino de llevarlas a la acción. DoorDash aplicó las lecciones de FedEx para optimizar su operación desde el inicio.
La clave para innovar no está en inventar desde cero, sino en combinar ideas ya probadas para resolver problemas formulados de manera creativa. El pensamiento por precedentes es una herramienta poderosa y replicable, que permite generar valor en contextos diversos, desde startups hasta pequeñas y grandes empresas.
(1) Zenios, S., & Favaro, K. (2025). Precedents Thinking. Harvard Business Review, 103(2), 54–63
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