En estos tiempos de cambios globales azarosos, de afectaciones sociales, económicas, políticas y culturales para nuestra comunidad, estamos viviendo sucesos que marcarán un derrotero en nuestra sociedad, como lo fueron el 5, 8 y 9 de marzo. Días que han destacado el calendario y que tienen como denominador común la expresión libre y natural por los derechos igualitarios, el reconocimiento de situaciones de violencia que vivimos ( desafortunadamente con mucha frecuencia) y la necesidad de cambiar para lograr el respeto, el reconocimiento, la equidad y dejar atrás la violencia.
La marcha del 8 de marzo - desde mi punto de vista- fue profundamente emotiva, incluyente, viva y verdadera, no había visto a tantas mujeres unidas en un reclamo de paz, de hermandad y del reconocimiento de los derechos que se merecen como personas.
Con el paro del lunes 9M, se levantó la voz desde el silencio, haciendo notar la ausencia de la mujer y simulando lo que sucedería si todas no estuvieran; porque según algunos datos, en México se desaparecen 10 mujeres cada día y en buena parte de ellos no pasa nada, ni hay represalias y no suceden cambios. Esto únicamente se dará si se genera conciencia, tanto de los hombres como de las mujeres, sobre la situación de la mujer en la sociedad.
En una conversación con mi hijo sobre el 8 y 9M, me recomendó ver el documental sobre feminismo que se encuentra en Netflix – ¿Que co#o está pasando? (1)- donde se entrevista a representantes femeninas de diferentes sectores quienes exponen sus teorías, y proporcionan datos que evidencian la desigualdad en España. Le pregunté a qué reflexión había llegado y me respondió que no conocía tanta información y que se había dado cuenta además, del lenguaje que a veces los hombres usamos para expresarnos sobre la mujer, los micromachismos – un término acuñado por Luis Bonino- para hablar de los comportamientos masculinos, que fuerzan, coartan o minan la autonomía de la mujer de una forma sutil (2).
El ejemplar de Marzo de la revista Harvard Business Review publica un artículo What’s Really Holding Women Back; It´s not what most people think (3) , escrito por la profesora Robin Ely, la autora comenta que, si le preguntas a la gente por qué las mujeres están poco representadas en el mundo ejecutivo laboral, escucharás a la mayoría decir algo como esto: Los trabajos de alto nivel requieren de dedicar mucho tiempo y por la vocación de la mujer a su familia le es imposible destinar más tiempo y sus carreras profesionales se interrumpen, a esta explicación la llama la narrativa familia-trabajo. Luego de llevar a cabo un estudio por varios años descubrió que el problema no es la capacidad para balancear la familia y el trabajo, es la cultura de trabajar más de lo que la jornada indica, lo que afecta por igual al hombre, sólo que el entorno induce a la mujer a dejar su carrera con el argumento de las largas horas de trabajo bajo la fórmula primero la familia y luego el trabajo, en cambio al hombre el motivo es primero el trabajo. La pregunta es por qué un buen número de organizaciones consideran que hay que trabajar de sol a sol cuando hoy está claro que no aumenta la productividad, disminuye el rendimiento e incrementa los problemas de salud, adicionalmente, ¿Por qué hay que elegir entre familia y trabajo ?
Nos podemos quedar en el qué y dejar a un lado el cómo, con esto quiero decir que es necesario movernos del pensamiento divergente al convergente, tanto a nivel del problema como de la solución. Te propongo un par de propuestas para poner en marcha acciones sobre el 9M tanto en el ámbito familiar y el laboral:
La primera es ver el documental que ofrece Netflix, al que me he referido con antelación, utilizando una metodología muy sencilla, antes de empezar, distribuir entre los participantes un block de notas e invitarlos a escribir en ellas las acciones que se les vengan a la mente en favor de mejorar la inclusión, igualdad y eliminación de la violencia. Al final colocar las notas sobre un muro y votar por las 5 que se consideren más relevantes y establecer el compromiso para llevarlas a cabo.
Una segunda, es unirse a un programa que permita construir y avanzar, Alfredo Miranda del IESDE (4), me hizo llegar un plan que denomina Wo+Men, me encantó la expresión después del nombre: incluyendo sumamos, complementando crecemos, juntos construimos. Seguramente habrá otras soluciones, lo importante es actuar para que en un futuro tengamos una respuesta precisa y clara ¿y después del 9M qué y cómo?
(3) Ely, R. J., & Padavic, I. (2020). What’s Really Holding Women Back? Harvard Business Review, 98(2), 58–67.

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